I have a dream



Untere Valentinalm, Austria, 16 de julio

(Pido disculpas si me dejo algún comentario sin contestar, tanto en Facebook como en el blog. Tengo escasa cobertura casi siempre, a veces tengo que esperar mucho tiempo para que se me abra un correo, aparte de que llegó al final del día bastante rendido) 

Últimamente no pongo el despertador, espero despertarme sin más. Hoy daba el sol en la tienda cuando desperté. Por la noche había caído un buen rocío y la tienda estaba empapada por fuera. Cuando duermes en las alturas todo son ventajas. Y cuando tú te preparas para comenzar el día de andarín los pueblos y las gentes en los valles duermen todavía la noche. La hora y media que me resta hasta el refugio donde pretendo desayunar es un delicioso paseo por las alturas. 

El refugio lo rige una anciana que tiene toda la pinta de haber estado en él toda la vida. Noto en sus clientes una especial deferencia por ella. Cuando un grupo de ellos se va a marchar le piden que pose para un retrato colectivo. 




La jornada de hoy es una larguísima subida hasta el collado de Köderkopf. 2150 m. y más tarde un complicado descenso hasta el paso de Plöcken, al que cruza la carretera que comunica Austria con Italia. 

Arremetiendo la cuesta excesiva hacia el collado de Köderkopf, la emoción tiene en mí un cariz inesperado que viene de la década de los cincuenta y sesenta cuando Rosa Parks decide no ceder su asiento del autobús a un hombre blanco. Estoy con la lectura del libro de Marina, La lucha por la dignidad, que tenía abandonado desde hace días. Rosa Parks, que iba al trabajo en autobús, un día decide no ceder el asiento a un hombre blanco y ahí comienza el largo camino de la lucha por la igualdad. Rosa Parks es detenida, los negros se movilizan y Martin Luther King, un pastor de treinta y tantos años aparece como líder en el movimiento contra la segregación. Me emociona leer estas cosas, sabidas, pero que necesitan ser oídas de tanto en tanto para recordarnos cómo el hombre, que es un lobo para el hombre, también es ese ser fraternal que anuncia la Revolución Francesa, el hombre que lucha desinteresadamente por la justicia, por los otros. El clima del escepticismo no puede hacer olvidar que no todo está perdido, que hay un momento en que los hombres salen de su adormecimiento para enfrentar la realidad. Una pancarta que se repetía constantemente en la manifestaciones del 15-M era algo así: "Dormíamos y hemos despertado". Siguiendo el hilo histórico de aquellos acontecimientos en Estados Unidos, llegó el momento de la marcha de Matin Luther King y sus seguidores, doscientas cincuenta mil personas, entre ellas sesenta mil blancos, que marcó un punto sin retorno en la lucha por la igualdad de los negros. De aquella ocasión es su discurso más famoso: I have a dream. 

La última vez que utilicé la cita que encabeza el título del post de hoy, fue hace unas semanas para responder al amigo Ricardo del Navi. Por entonces Podemos había inaugurado cartelera en la prensa y en los medios del país y las hienas ya andaban por ahí investigando la forma de desprestigiar a la recién nacida criatura que muchos llevábamos décadas esperando después de comprobar eso que se gritaba en todas las manifestaciones del 15-M y que tanto jodía a la cúpula del PSOE, incluido a Peces Barba y a sus "barones", a saber "PSOE, PP, la misma mierda es", eso que se gritaba era una sangrante realidad. El bipartidismo había convertido España en una merienda de negros, aprovechados y chorizos pululaban por todos lo pasillo del poder. Mi respuesta a Ricardo entonces estaba en la línea de llamar la atención sobre ese hecho sociológico, por llamarlo de algún modo, que consiste en anatemizar al contrario con un apelativo que la posible audiencia, siempre poco informada y carente de ideas propias, pueda identificar con el diablo en persona. Llamar a alguien trotskista, rojo o bruja, según los momentos de la historia de que hablemos, fue el recurso para anatemizar siempre a "los otros", los que piensan que es posible construir una sociedad más justa. 

Las palabras del famoso discurso de Luther King, "Tengo un sueño", cuando veía en él la emancipación real de los negros, las recogía yo entonces para aplicarlas a la decepcionante situación social y política que vivimos en España, y el sueño no era otro que la posibilidad, tras las últimas elecciones para el parlamento europeo, de ver nacer otra fuerza política que en un futuro pudiera quebrar el maridaje de los dos partidos de derechas que llevan décadas repartiéndose el poder y haciendo de nuestra democracia una república bananera, entre otras cosas gracias a una ley electoral apañada para perpetuarse en el poder el dueto de siempre.




Fue una jornada larguísima. A las cuatro paré a comer algo y a secar la tienda. Todavía me quedaba una hora y media hasta el refugio 
Valentinalm. 

Me admira lo bien se que puede comer en estos sitios de montaña, bueno y barato. La cena hoy ha sido de lujo. No, uno no está acostumbrado a este buen hacer y a esta buena cocina cuando no es en casa. 






4 comentarios:

Manuel Coronado Gil dijo...

Veo que el tiempo va mejorando, va saliendo el sol, ese sol que hace que el verde sea mas verde y que en las montañas se aprecien mejor las grietas y recovecos que parecen arrugas que nos dan a entender el tiempo que llevan ahí para disfrute de todo el que pueda verlas.
Que sigas disfrutando de ese magnifico camino.

Sergio Iglesias dijo...

Hola Alberto, te escribo desde Estambul. He llegado esta tarde a pasar unos días de vacaciones con la familia y unas amigas. Me hizo ilusión ver los Alpes desde el avión y enviarte un saludo hasta donde te encontrases.

Forza e saude,

Sergio

Alberto de la Madrid dijo...

Manuel. Caminar sin que este esté cayendo de continuo una tromba d agua es otra cosa. Se agradece. También el cuerpo parece adaptarse al esfuerzo de las circunstancias. Los días y sus trabajos terminan creando hábito. Buen camino, que me decía hoy un austriaco andarán con el que me crucé a 2500 m. Un abrazo

Sergio, un buen lugar el que habéis elegido. Me encanta esa ciudad. Un abrazo

Alberto de la Madrid dijo...

Manuel. Caminar sin que este esté cayendo de continuo una tromba d agua es otra cosa. Se agradece. También el cuerpo parece adaptarse al esfuerzo de las circunstancias. Los días y sus trabajos terminan creando hábito. Buen camino, que me decía hoy un austriaco andarán con el que me crucé a 2500 m. Un abrazo

Sergio, un buen lugar el que habéis elegido. Me encanta esa ciudad. Un abrazo