La prohibición de acampar en Guadarrama y el sentido común

 

Pedriza desde La Najarra


El Chorrillo, 2 de enero de 2021

A sabiendas de que hay gente que te cagas lorito por ahí en algunos grupos de FB, escribo las siguientes líneas a sabiendas, sí, de que algún amante “del orden” y otros especímenes similares, incluso alguno que hablará despreciativamente de este pobre yayo, va a depositar su cagadita con algún comentario dudosamente pertinente. El asunto es que pese a todas las prohibiciones que pueda inventar el sanedrín de los políticos encargados de los medios naturales, un servidor considera que no hay dios que pueda prohibir a un hijo de esta tierra y amante de las montañas dormir cuanto crea conveniente en las cumbres de nuestras sierra.

Discutir sobre la justicia y la ley sería imposible en este espacio, pero basta decir que si los políticos se atuvieran más a criterios de justicia, lo que no excluye la protección del medio ambiente, que a criterios salidos de la incompetencia para proporcionar a los ciudadanos de este país un bienestar deseable, otro gallo cantaría. En este país, donde el ramo de la hostelería parece que tiene más fuerza que el sentido común, logra, por ejemplo, que el gobierno de Aragón prohíba acampar o pernoctar en un vehículo en toda su comunidad. Obviamente quien manda en este caso es el ramo de la hostelería y los propietarios de campings. Este es el primer criterio dominante, las fuerzas que están en juego, y que son lo suficientemente poderosas como para destrozar montañas y valles con el único propósito de servir a don dinero. En el caso de Guadarrama habría que ver en términos globales quiénes son los que deterioran y han deteriorado siempre el medio ambiente. Días atrás quise bajar a lo alto del valle de Lozoya desde la cima de Valdemartín. Me fue imposible. Toda la cabecera está destrozada e intransitable. ¿Dónde coño se meten los defensores del medio ambiente? Una persona que pone su tienda en ese valle para pasar una noche bajo las estrellas malogra el medio ambiente, pero la carretera y todas las instalaciones de esquí no, son una preciosidad añadida a las bondades de la naturaleza. Tararí…

El segundo criterio es que los supuestos protectores del medio ambiente, antaño los mismos que permitieron destrozar la cabecera del valle de Lozoya con las instalaciones de Valdesquís, o los alrededores del puerto de Navacerrada, para nada tienen en cuenta las aspiraciones de una minoría, minoría que estoy en condiciones de asegurar es la más respetuosa con el medio ambiente que puedas encontrarte, precisamente porque está compuesta por amantes, amantes sí, de las montañas y los bosques y no por vándalos que ensucian el medio, destrozan los refugios o llenan de su propia mierda laderas o prados.

Muchos políticos, cuya formación humana, ambiental y de respeto a sus semejantes dejan tanto que desear, tienen tal carencia de imaginación, eso o su indolencia no les da para profundizar en los problemas, que cuesta admitir que tengan capacidad para desempeñar el cargo que ocupan. Determinar así sin más que para preservar el medio hay que prohibir acampar en todo ese medio me parece de entrada una soberana gilipollez que sólo puede ser respetada cuando está dentro del ámbito del sentido común. Si se establece una norma de prohibido acampar, en Guadarrama, por ejemplo, digamos que en principio parece lógico; ahora, echemos mano del sentido común. De primeras los gestores del Parque Nacional en su primer borrador plantaron un categórico prohibido en sus papeles, más tarde, gracias a la intervención de algunas personas vinculadas al montañismo, pudieron introducir la salvedad de que se podría vivaquear por encima de los dos mil metros, creo. Era de sentido común y los gestores accedieron. Pero es que en el sentido común caben muchas más cosas.

En más de una ocasión me he encontrado a alguno poniéndome de vuelta y media en las redes porque defendía acampar contra tiros y troyanos en la montaña. Tengo setenta y dos años y no creo que me baje del burro mientras viva. Quizás tenga que aclarar que cuando hablo de acampar me refiero a protegerme por la noche del frío o de las inclemencias del tiempo, un derecho que no se le puede negar a nadie; no hablo de plantar la tienda y hacer de la montaña una parcela privada. Hace un par de años atravesando un parque nacional en los Alpes Austriacos, se desencadenó una fenomenal tormenta y me vi obligado a poner mi tienda en un lugar demasiado evidente (mi tienda suelo armarla en lugares muy discretos). A la hora la tormenta cesó momentáneamente. Unos minutos después tenía allí a uno de los guardas del parque que me ordenó de manera perentoria casi enfadado levantar la tienda. Diez minutos después tras conversar y oír mis explicaciones, estaba haciendo la travesía de los Alpes entre el Mediterráneo y el Adriático y no usaba los refugios para pernoctar, comprendió mis razones y accedió sin problemas a que pasara allí la noche visto cómo estaba el tiempo. A estas cosas me refiero cuando hablo de sentido común.

A quien está de travesía, a quien monta una tienda en una aproximación a una escalada o a quien simplemente gusta de dormir bajo las estrellas en apartados rincones –en absoluto cerca de carreteras o en los praditos monos que los domingueros encuentran junto a su coche– entiendo que no se le puede negar el derecho que asiste al mismo tiempo a cualquier animal del bosque, cabra, vaca, jabalí u hormiga de dormir al abrigo de ese entrañable mundo que nos acoge, montaña, costa, desierto, bosque entre sus brazos cuando buscamos cobijo en la naturaleza. ¿Y qué hacemos con los guarros, con los vándalos, con los hijos de puta que ensucian el monte? Efectivamente, un problema complejo el de los guarros y vándalos. Yo no soy político. Que se ganen el sueldo honradamente éstos y busquen soluciones sin perjudicar los derechos de las minorías. Si muchos cometen infracciones de tráfico no creo que se le ocurra a la DGTprohibir circular por las carreteras a TODOS los ciudadanos.  

Días atrás alguno se escandalizaba porque yo siguiera poniendo mi tienda en una cumbre en mitad de la ventisca, y si no era eso era porque infringía el toque de queda (que lo que prohíbe es circular por la calle…, pero como hay gente que lee como lee…). Creo que el sentido común está muy ausente tanto en los gestores del medio como en algunos compañeros. Entiendo que poco a poco vamos asumiendo prohibiciones tras prohibiciones de una manera tan resignada que llegará el día en que nos harán pagar por el aire que respiramos o por el agua que bebemos y no diremos ni chitón.

Resumiendo, que quizás alguna vez me toque pagar una multa, un riesgo que asumo, pero que no estoy dispuesto a hacer dejación del derecho que creo inalienable, de protegerme del frío de la noche y del mal tiempo con mi tienda de campaña. Junto a esta mi actitud queda abierto el otro problema, cierto, el de los guarros, que entiendo que es una clase social a la que en general caminar más de media hora ya le es excesivo, algo que afecta menormente al medio alejado de lugares donde puedan acceder los automóviles o los medios mecánicos.  



 








 









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