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| Amanece en nuestro campamento junto a Peña Negra |
Peña Negra-Mondalindo, 9 de febrero de 2021
Somos slow people, decía hace un momento el amigo Cive, que aún con dificultad para hacer llegar el aire a sus pulmones no paraba de hablar. José Antonio camina despacio, al ritmo que le permite el pulsómetro que está ahí vigilando su ritmo cardiaco en todo momento. Se para, eso sí, pero dejar de hablar, nanáis. Es el hombre parlanchín por excelencia. Sin embargo, pese al mimo con que debe tratar el trabajo del músculo que impulsa su sangre, no se arredra y de vez en cuando se pega una buena caminata cargando además siempre con un macuto descomunal en el que no pueden faltar unas buenas raciones de caldo de cocido. Hoy iba un poco preocupado con el programa: subir al Nevero y recorrer toda la cuerda de los Carpetanos hasta el puerto de Malagosto. Demasiada nieve todavía y una buena capa reciente y que estaría blanda; eso supusimos antes de tirar hacia el puerto de Navafría. Habíamos quedado en el aparcamiento de Lozoya y cuando nos encontramos sopesamos lo de los Carpetanos y decidimos cambiar de plan. Nos fuimos al cordal al otro lado del valle, aquél que arranca más arriba al este de Garganta de los Montes, sube a Peña Negra (también conocido como Regajo y Cancho de las Hornillas), recala en el Mondalindo y se llega en un par de zancadas hasta el puerto de Canencia.
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| Pedriza al fondo y Najarra |
Slow people, gente lenta… y no sólo por la edad. Esa añorada lentitud que quisiéramos para todos los instantes de la vida; vivir el momento despacito, saboreando los minutos como si fuera una jarra de cerveza en mitad del calor del verano. Hay quien anda por el monte de carrera; es una posibilidad que le saca jugo a la adrenalina y a los sutiles placeres que proporciona el esfuerzo desmadrado, pero hay otras muchas oportunidades que para los amantes de las pequeñas cosas, de los arroyos, las flores, los juegos de luces, los pájaros, o los que disfrutan de los aromas y la tibieza de la brisas, constituyen, junto al hecho de subir una montaña o atravesar un bosque, un mundo encantado que necesita de la lentitud como condimento esencial. Oiga, que no tenga usted prisa, por favor, que la montaña no se la van a llevar, que se pare usted un momentico ante esos pequeños narcisos que pronto empezarán a crecer en nuestro Guadarrama y Pedriza, y que se agache a recoger la delicadeza de su perfume, que más allá saque usted la cámara y se arrodille ante un crocus, las flores de la jara, alguno de esos jaramagos amarillos, tantas flores, y se entretenga en buscarle un fondo adecuado, una perspectiva que realce su belleza; que se pare un momentico a escuchar la música de ese arroyo cantarín que atraviesa el sendero. ¿Y ese pajarillo, al que la primavera ha metido en el cuerpo tantos trinos, tantos requiebros amorosos, es que no vamos a ser capaces tampoco de pararnos para escucharlos con toda atención, un pinzón, un carbonero, un mirlo, un acentor alpino…? Lo dicho. Andando lento se llega a todos los lados. El amigo Cive, al que espero sentado bajo un pino escribiendo estas líneas, va despacio pero va y llega lejos. Ambos somos jubilados, así que con más razón: tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros. No hay prisas. Ya lo dice además aquel dicho italiano: Chi va piano va sano e va lontano.
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| Cancho Gordo |
Collado de Medio Celemín, ¿a que suena bonito? Es un collado acogedor a caballo entre la arrogante mole granítica de Cancho Gordo, en el otro extremo del Pico de
A estos montes guadarrameños les faltan mentores que se hayan ocupado de esos personajes rústicos y entrañables que recorren la sierra, cada vez menos, no a lomos de mula vieja, sino de bizarra yegua, como era el caso de Mario. Recuerdo aquel invierno que al cabrero le dio por, lo que él decía, hacer trashumancia, que consistió en perderse por los montes de
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| Cuerda de La Cabrera |
El cabrero, que se licenció en Filosofía, marchó de adolescente a India, se enroló en el voluntariado de
| Jo, me enrollo tanto que después apenas me queda espacio para dar cuenta de nuestra excursión. Bueno, pues que el sendero apenas dejar la pista de Medio Celemín, sube por un respetable cuestón; que a nuestras espaldas dejábamos el bello espectáculo de |
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| Peña Negra |
Me da que va siendo hora de ir terminando esta crónica. Tengo al amigo Cive acampando a cierta distancia de mi tienda, pero con lo parlanchín que es seguro que está deseando que deje de darle a las teclas del teléfono para conversar un rato, ese deporte que ambos practicamos con tanto gusto. Entra la noche a través del ventanal de mi tienda como si aquélla y ésta formaran parte de la misma cosa. Yo miro las estrellas, el llano iluminado de Madrid y mientras tanto el viento dialoga con mi tienda, que como no tiene boca agita los faldones a modo de quien utilizara una especie de lenguaje de signos mediante pequeños estremecimientos.
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| Peñalara |
Por cierto, que no se me pase, y para terminar, decir que en este momento el cabrero y su chica Andrea están a punto de abrir una quesería en Valdemanco, “Quesería Los Cantares”, y como no puede ser menos no voy a despedirme hoy sin invitar a los que hasta aquí habéis llegado con la lectura, gran proeza la vuestra, a que os paséis por la quesería. Mejor queso y mejores productos lácteos no los vais a encontrar en muchos kilómetros a la redonda :-).
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| Clic en la foto os lleva a la ubicación Calle el Baile, 15 Valdemanco |
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| Peñalara al fondo |
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| Najarra, Bailanderos y Cabezas de Hierro |













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