Mirador de Grima, Almería, 23/06/2009


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El sudor empezaba a humedecer mi cuerpo
cuando por encima del collado
asomó el alba,
una aguada vaporosa a medio hacer
buscaba asentar las formas
sobre el grueso papel del amanecer;
sin prisas, envuelto en la atmósfera opaca de la costa,
el sol fue poniendo perezosamente aquí y allá
pinceladas de herrumbre y ceniza,
algunos toques de ámbar
fueron cubriendo el desierto de las colinas
y las ramblas,
pintando de amarillo las flores de las chumberas.

En la cumbre el sol llegaba renuente
retenido por la bruma
que demoraba su aseo matinal
correteando entre pinos enanos
de brillantes hojas.
De la palas de los cactus pendían
delicadas gota de rocío
donde el mundo aparecía patas arriba
a punto de desplomarse sobre el suelo.



















2 comentarios:

la granota dijo...

Eso! no lo dejes, sigue un poco más, un pasito más...

Ana Jordán Davia dijo...

¿Pasas por Madrid, lavas la ropa y otra vez vuelta a curiosear por esos mundos de Dios?
¡Pues a ver si tengo suerte y los caminos del mundo te acercan a Villalba o a Robledo!
Besos, Ana del Badulake.