El dios Wotan se abre paso entre las montañas



Espinama, 9 de abril de 2018 

Camino Vadiniense. Etapa Monasterio de Santo Toribio de Liébana – Espinama 



Bueno ¿y cómo podría pedirse más? Un magnífico fuego de chimenea frente a mí, el consabido sillón de mimbre símbolo del anhelado confort con el que el peregrino ha soñado toda la mañana, un albergue solitario de Espinama con todas las comodidades apetecibles, y mientras tanto fuera la lluvia, todo cubierto con el aire Invernal que invita al recogimiento. Y yo que venía dispuesto a meterme en la cama roto como estaba y encontrándome ante este escenario se me hace imposible dormir porque necesito disfrutar de cada minuto frente al fuego. Ah, Dios, el fuego, el fuego cuando has caminado desde las seis de la mañana pensando únicamente en esa hora en que llegarías a destino, bajo la lluvia, cansado, somnoliento. Y es que el día fue así. La razón no la sé, pero era así. A veces caminaba como quien lo hace en medio de un sueño. En algún momento sentía que no pisaba con seguridad, que en el momento menos inesperado, en una de esas eses que hacía me iba a derrumbar e iba a quedar tumbado en el camino. Desde la noche de las chinches, aquel día en que me fue imposible dormir ante la invasión de esos bichito negros que levantaron ronchones en todo mi cuerpo, no encuentro momento en que recuperar el sueño que este necesita. Incluso pienso que mi falta de sueño viene todavía de más atrás, de un par de noches en que toqué el cielo con las puntas de mís dedos. Hoy es el segundo día que me pasa, eso de medio tumbarme sin quitarme el macuto con la intención de descansar un poco y quedarme profundamente dormido. Estaba a media hora de mi destino, Espinama, pero como no podía con mi cuerpo, me senté y fue visto y no visto, quedé dormido como un ceporro. Mi amigo, mi entrañable compañero de vagabundaje, mi cuerpo, debe de llevar un sensor parecido al del radiador de un automóvil. Cuando la presión sube excesivamente y la cosa está para explotar, el sensor chifla y rechifla y si no le hago caso como hoy, al final recurre a cerrar el grifo de la energía a mis piernas y a mis párpados, con lo cual los ojos se me cierran y la flojera de las piernas me impiden caminar derecho. Así sucedió hoy.

Si alguien hubiera pasado cerca se habría imaginado que se había tropezado con un cadáver. Un tipo con la mochila puesta despatarrao (que coña con la RAE, sí, excelencia, despatarrao, que no despatarrado. Me encantan las palabras, la música de las palabras es de las cosas más encantadoras que uno puede gozar, pero de tanto en tanto los guardadores de la norma vienen y te dan un toque. Oiga usted, escriba como Dios manda y aténgase a los cánones. No, a la ilustrada gente de la RAE mejor no hacerla mucho caso. Usa el lenguaje como te salga de allí mismo, las palabras no tienen por qué ser patrimonio de nadie y menos de la RAE, ese ente con el que continuamente entro en conflicto porque su manera de interpretar la realidad es diferente a la mía); 
un tipo con la mochila puesta despatarrao, decía, sobre el camino es como para asustar a cualquiera. Bueno, pues en esa situación estaba, acaso soñando como si estuviera en los brazos de mi nueva amada, cuando de pronto brincó el teléfono. Me desperté sobresaltado y sin saber dónde estaba. Era el amigo Paco de Hoyos del Espino, que apostillando uno de mis últimos post ya de entrada me saludaba con ese adjetivo al que últimamente hago honores con mucho gusto. Hola, ingenuo, decía como carta de presentación, y ello para consignar a continuación las tantas veces que a él le habían apodado de la misma manera: “eres un ingenuo que no vives en el mundo real", es decir, que no vives en un mundo caótico. Ante cuya disyuntiva Paco pregunta: “¿sabes lo que me ha salvado para estar en este mundo caótico? Retirarme 100 metros a un lado y sentarme a ver que pasa. Y yo pienso que ese cuento no es nada nuevo, Lao Tse y Voltaire no hicieron otra cosa, el primero escribió un librito llamado Tao Te Ching, cuyo manuscrito regalaría al aduanero que le permitió retirarse fuera del mundanal ruido, y Voltaire se reencarnó en Cándido lo que le permitió abandonar la a corte y sus enredos para dedicarse a cultivar una huerta. Los poetas chinos de la dinastía Ming tampoco eran distintos; cuando llegaban a la edad de la madurez, se retiraban a algún rincón de la naturaleza y allí acababan el resto de sus días empleados en meditar y hacer poesía. Paco no sé si escribe poesía pero vive en un lugar encantador desde donde las montañas del Circo de Gredos le saludan cada mañana mientras se toma el desayuno frente al gran ventanal de su salón. Paco de vez en cuando se despacha, sin embargo, con la escritura de algún relato que el peregrino ha tenido la suerte de leer.

Como hoy empecé la casa por el tejado justo es que ahora continúe por donde me plazca. Así, por ejemplo: entre la taciturna luz del amanecer, allá en lo alto, las montañas, azules y cubiertas por el oscuro celaje de las nubes y las nieves aparecían como un decorado wagneriano donde el dios Wotan de El oro del Rhin encargaba la construcción de su castillo a los gigantes Fassolt y Fafner. El descenso desde el Monasterio de Santo Toribio de Liébana permitía este tipo de comparaciones en momento en que siendo todavía de noche en las montañas se abrían un resquicio de luz que daban a los éstas un aspecto algo saturnal. A la mañana sólo le faltaba a una Brunilda a horcajadas sobre el caballo acompañada por la música de la Cabalgata de las Valkirias.

Dios que es bondadoso me va a permitir dejar en este punto mi crónica. Caminé largo y tendido por las laderas y los bosques, llovió a intervalos y llegó un momento que el sueño se pegó como una lapa a mis ojos y tuve que dormir en mitad del camino bajo la compañía amable de un chirimiri. Hoy he de irme pronto a la cama para recuperar el sueño que le falta a mi cuerpo. Mañana lo tengo duro, José, el encargado del albergue, me dice que sin raquetas me va a ser difícil pasar la Horcada de Valcavao (1800 metros) y el puerto de Pandetrave. Lo mismo terminó aquí mi recorrido si no puedo atravesar estos puertos. Para más diversión amenaza nevar a partir de esta misma noche. La jornada de mañana se presenta como un verdadero interrogante. Por aquí parece no haber pasado ningún peregrino en mucho tiempo. 







2 comentarios:

Francisco Sanchez dijo...

Camino complicado el que estás haciendo, no creo que algún peregrino lo haga, hay que estar un poco mochales para andar a Santiago por esos vericuetos. Hace tiempo pase alguna temporada recorriendo aquellos parajes y de allí se me quedó grabada una frase que me dijo alguien de Santa Marina del valle de Valdeon, "el paisano es un animal que solo hace el bien, cuando no puede hacer el mal" refiriéndose a ellos mismos.
El valle de Valdeon era mi primer sitio para montar el hotel que luego hice en Hoyos. A una hora de Soto de Valdeon, tengo un invernal, subiendo hacia la Hocada de Pambuche. Hace más de veinte años que no pasó por allí, me imagino que estará derruido, y como está dentro del parque Nacional de Picos de Europa ya no lo puedo ni tocar.
Intenta pasar por el puerto de Pandetrave es carretera y comunica Sanglorio con Santa Marina, tendrá que estar abierta de nieve.

Alberto de la Madrid dijo...

Estudié una alternativa desde Cosgaya por Llanaves de la Reina, pero también ésta me la tumbaron los ganaderos de Espinama con los que estuve viendo posibilidades. Además había caído nieve reciente sobre dura y en algún lugar había peligro de avalanchas. Amaneció con todo nevado por encima de Espinama, así que otra vez será. Y probablemente el albergue de Portilla de la Reina estaba cerrado. Llamé varias veces por teléfono sin respuesta. Otra vez será.