Peña
Para mi salida nocturna de hoy, la meta era Peña
Tenía para esta excursión dos compañeros de excepción, José Antonio, Cive para los amigos y más lejos en el tiempo el Parafina, también para los amigos. Andrea era mi otra compañera de excursión, la mujer de la sonrisa bonita, la chica de mi hijo Mario. Era, porque al final mi nieto Manuel se puso pachucho y no pudo venir. Así que quedamos dos. José Antonio subiría desde el puerto de
Dos litros y medio de agua, el trípode, la réflex, la tienda, la cocina… me estaba pesando tanto el macuto hoy que en algún momento volví a sopesar esta idea última de cargar con tanta cosa. Está bien llegar arriba y estar como en tu propia casa bajo las estrellas, la posibilidad de sacar una buena fotografía, cenar caliente, disfrutar de un buen colchón. De todos modos no sé si lo que me pesa más es el macuto o los años. Total, que como hacía sol y la tarde estaba agradable, a las dos horas de salir de Berzosa, ya con Peña
El pico estaba ahí, cerca, pero sólo aparentemente. El cordal daba una gran vuelta, yo iba por un extremo de una U y todavía me tocaba dar toda la vuelta hasta el otro. Así que paciencia. Y como no tenía otra cosa que hacer, porque de caminar ya se ocupan mis piernas, mi cabeza buscó otra ocupación y como mi cabeza, imagino que como otras cabezas, no hay manera de que quede quieta, que siempre está de acá para allá tramando, recordando o dando vueltas a algún asunto, terminó posándose, como si fuera una mariposa, con lo primero que encontró a mano, que fue una frase que días atrás había visto en el muro de un amigo y que ya me había servido anteriormente para escribir un post. Ésta: “No soñamos con ser más grandes, soñamos con ser mejores...”, sólo que en esta ocasión venía a cuento de algún fragmento de mi lectura de Marco Aurelio de la pasada noche que hablaba de la mismo asunto, o al menos eso pienso que yo, que lo mismo el amigo Ramón, el autor de la frase, se refería con eso de ser mejores a otra cosa, que uno puede ser mejor superando cada vez con más holgura ciertos pasajes de escalada, o puede ser mejor comprendiendo a su prójimo con una mayor grado de empatía o simplemente siendo mejor padre, mejor amante o mejor amigo. Pero bueno, basta de circunloquios, que donde mi cabeza había recalado era en aquello sobre lo que escribía Marco Aurelio de que se debe de experimentar una especie de piedad hacia aquellos que hacen el mal; se trata de desarrollar una indulgencia, escribía, una dulzura, una paciencia, una benevolencia. Ei tema, pensaba yo recordando aquello mientras sorteaba unas formaciones rocosas que me habían hecho perder mucha altura, es que a veces practicar esa benevolencia, especialmente si ese otro es un hijoputa, es un hueso duro de roer. Podemos saber que es saludable ser comprensivos con todo el mundo, pero… Ahí queda, no obstante, como posibilidad para los que quieran limar las asperezas de su temperamento o ir invirtiendo para conseguir una plaza en el Paraíso. De todos modos a los que no creemos en esas cosas y pensamos que te mueres y se acabó, lo mismo si ponemos en práctica ese derroche de benevolencia hasta nos hacemos mejores, que entre otras cosas, visto desde un punto de vista práctico, es una bonita guinda para aquel que aspira a la bonhomía. Y es que después de más de setenta años de vivir sobre este planeta uno sigue pensando que aprender a ser buenos, como nos decían de niños, sigue siendo un bonito sueño.
Había subido en camiseta, pero ya cerca de la cumbre, cuando pasé a la sombra, la temperatura bajó en picado. Tuve que parar a ponerme ropa de abrigo. Estaba en ello cuando sonó el teléfono. Era José Antonio. ¿Dónde estás? Llevaba ya una hora en la cumbre. Llegué arriba justo cuando el sol se ocultaba en las nubes del horizonte. Hacía mucho que no nos veíamos. No nos vemos pero estamos en contacto con frecuencia, el asiduo divulgador de las ideas que apuntan a promover la renta básica universal en España, y al que leo estas semanas en uno de sus libros, es mi principal mentor de algunos temas de actualidad. Poco amigo del whatsapp, prefiere el correo electrónico donde parece que es más fácil exponer y confrontar ideas.
Apenas nos dio tiempo para la consabida foto de la cumbre. Organizamos nuestro vivac a pocos metros de ella. Mientras él preparaba su tenderete, un tente mientras cobro que un viento fuerte se llevaría por los aires sin lugar a dudas, yo hice de cocinero, calenté su sopa de cocido con fideos y puse al fuego los pimientos que mi amantísima esposa me había preparado con todo el amor del mundo (seguro que se parte de risa cuando lea eso de amantísima esposa y todo el amor del mundo, que dicho por mí, un austero amante al que las delicadezas afectivas le cuestan más que la subida a un monte de mucha altura, suena a pitorreo).
Después hubo sesión de fotos nocturnas como en otras ocasiones. Fracasó mi intento de hacer una toma decente de
Tuvimos que forzar el cierre del kiosko a la una de la mañana porque la conversación llevaba camino de prolongarse hasta el alba. Otra cosa no será, pero a bien informado y buen conversador a este hombre no le gana nadie. En el transcurso de tres horas y media de charla recorrimos Mauritania y Senegal de cabo a rabo, hablamos un buen rato de Marco Aurelio, de los cínicos (filósofos cínicos, quiero decir) griegos, de los estoicos, de los epicúreos y de las “excentricidades”, obligado es poner comillas, de Diógenes, aficionado a masturbarse en la vía pública para provocar al personal, y a última hora a punto estuvimos en el peligro de sucumbir a hablar de política y de los políticos, frente a cuyos males yo argumenté sobre los setenta millones de norteamericanos que votaron a Trump y los tres millones y pico de ciudadanos de este país que votan a Vox. Vamos, que si culpa tienen los políticos y los flautistas de Hamelin no menos culpa de los males del mundo la tienen los votantes y los que se van tras la música de la flauta.
Cerca ya de las dos de la madrugada. Abro la cremallera de la tienda, Orión ya está casi encima de nosotros. El trozo de uña de la luna ha desaparecido en el horizonte y las luces de










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