Cómo nace un proyecto


Ya pronto... ya casi otra vez en camino. Me dejé ir, me empeñé en otros asuntos, abandoné el camino confiando en que mi cuerpo haría en algún momento lo que tuviera que hacer. Y es el caso que aunque intenté en un par de ocasiones salir de nuevo, ir por ahí a encontrarme con el otoño en Ordesa o en los hayedos de algún valle del Pirineo, mi cuerpo no debía de estar lo suficiente convencido; sucedió que se encontraba bien en casa, en ese bosquecillo de la parcela que contemplando desde el Google Earth parece tan encantador como es en realidad. Uno propone pero luego quien realmente dispone es algún enanito de esos que le andan a uno por dentro, uno de esos que va a su bola, que aparece de vez en cuando con pinta de despistado y se larga con las manos en los bolsillos silbando alguna canción de los años setenta, pero que después ni corto ni perezoso se vuelve y le da a uno un toquecito en el hombro y le dice:
-Bueno, amigo, ¿qué pasa?, ¿cuando coño vamos a darnos una vuelta por el mundo?
Y uno se vuelve y lo mira y le pregunta:
-¿Tú crees?, ¿con el frío que está empezando a hacer me vienes tú ahora con esas insinuaciones?
Y el tío se vuelve a largar tranquilamente silbando ahora un remedo de un tema de Moustaki. Y ya, ya ha puesto el cabrón su pizca de inquietud en mi tarde. Y me voy a pasear y la cosa me persigue y como he leído recientemente un libro en donde hacía cincuenta grados bajo cero, me digo, que vamos, que no será para tanto si yo me voy por ahí, por España, a pasearla, con una temperatura tan veraniega como uno o diez grados, que lo es, claro está comparada con los cincuenta bajo cero de las tierras del río Nahanni. Y dejo pasar media tarde, una de esas tardes memas de mirar el campo tras mi trabajo en la parcela, y cuando me despabilo encuentro que la cosa sigue ahí. ¿Y por qué no apañas el coche de nueva adquisición y lo conviertes en tienda de campaña, refugio y te largas por ahí a correr mundo, el sur, como las aves migratorias?, me oigo decir.
Y vamos, que me lo estoy pensando, que yo estaba tan tranquilo martillo en mano arreglando desperfecto y construyendo un techado, sin pensar nada más que en mi antigua novia, y de pronto, plas, ya casi estoy por ahí dándole vueltas al magín y a la posibilidad de pasar una temporada buscando senderos y descubriendo nuevos paisajes.
No, ya no me lo estoy pensando, ya es cosa hecha. Mañana, cuando me despierte empezaré a diseñar mi refugio, maderas, cajones, un lugar para una batería suplementaria donde conectar el portátil y alumbrar las largas noches, un espacio para la cocina, un colchón duro que cubra toda la superficie trasera del coche (un metro ochenta), el rincón para el aseo, el bidón del agua, la biblioteca, el ajedrez. Es magnífico que le nazca a uno un proyecto.
Y ahora dar las gracias, no por tener tiempo y poder ir a donde me plazca, que eso ya lo tengo, gracias porque se haya producido este chispazo, porque se empiece a gestar en mí un proyecto que me hace gracia, que no sé todavía en qué consiste, pero que me gusta, frío, lluvia, caminar y llegar a la tarde a un refugio de dos metros cuadrados y medio con cuatro ruedas donde leer, escuchar música, ver una peli o contemplar las estrellas sobre la tierra andaluza. No se puede pedir más. Y después regresar y disfrutar del resto del invierno en casa, junto al fuego, junto a los árboles desnudos, frente a los campos silenciosos y llenos de frío.

















2 comentarios:

Ana Jordán Davia dijo...

FELIZ NAVIDAD, QUE TODO LO QUE TE DEPARE EL PROXIMO AÑO SEA FELICIDAD
UN BESO.
ANA DEL BADULAKE

Alberto dijo...

Gracias Ana, que lo que no nos falten sean deseos. A ver si con un poco suerte encontramos unos raptores de buen ver y bonito corazón.
Y que no se nos caiga el cielo encima este año.
Un beso