Una belleza incompatible



Cercanías de Puebla de los Infantes, 4 de junio

Etapa Constantina-Puebla de los Infantes. El runrún de la televisión sobre mi cabeza es como una zambomba sonando inclemente a un palmo de mi oído. Después de tomarme un par de tónicas, descansado y un poco más objetivo puedo mirar a la mañana con algo más de benevolencia. La verdad es que hoy empecé a estar jodido antes de lo esperado. No, no me llevo bien con el asfalto ni con esas kilométricas y monótonas pistas que me veo obligado a recorrer. No son mi fuerte, además lastiman mis pies; en la planta de mi pie izquierdo había empezado a crecer una ampolla que hoy, a mitad de mañana, ya adquirió dimensiones suficientes como para obligarme a caminar como un pato. Paré a curarme y a arreglarme una uña pero el mal ya estaba hecho. Caminar por decenas de kilómetros sobre una superficie plana y uniforme produce esta clase de desarreglos. La regularidad de una pisada siempre la misma termina por hacer mella en algún lado. Quizás habría sido más práctico traerme las botas para este tipo de camino, o acaso unas zapatillas con las suelas más gruesa. En fin, cosas del oficio de caminar. 

Por cierto que hablando de patos, esos simpáticos y bellos animales; me llegan hace un momento malas noticias de casa, malas para una pareja que ha adoptado nuestra piscina como su hábitat para toda la vida. Son dos animales muy bellos, uno de plumaje irisado de verde y el otro, creo que la hembra, de tonalidades sienas y marrón tostado. Ya habían aparecido en nuestro parcela en agunas ocasiones en años anteriores, pero nunca había hecho de la piscina su estanque particular. Este año, cuando los vimos aparecer fuimos enseguida a por la reflex para dejar constancia de tan bellos ejemplares; recuerdo que incluso insinué a Victoria la posibilidad de hacerles un comedero. A última hora ni les asustaban los perros ni echaban a volar cuando nos acercábamos. Otra bonita compañía que añadir al entorno de nuestra casa, nos dijimos: patos, peces, pájaros a mogollón, erizos, conejos, abubillas, urracas, dos gatos, golondrinas. Total, ya convertimos la parcela en un zoológico. En fin, todos felices hasta que descubrimos que estos bichos dejan unas cagadas oscuras y semilíquidas en el borde de la piscina que resisten todos los métodos de limpieza, ni siquiera la hidrolimpiadora puede con ello. Yo había limpiado aquello varias veces pero en casa no me habían hecho mucho caso, ha tenido que pasar el turno de limpieza a la hortelana para que se echara las manos a la cabeza y propusiera seriamente la expulsión de nuestro entorno a estas bellas aves. Somos amantes de los animales pero como se ve nuestro amor no es un amor platónico y ciego. 



Y volviendo a las cosas del camino tengo que decir que después de haber caminado más de una semana por estas tierras encuentro, al menos hasta ahora, que no cumple esta ruta todo lo que yo esperaba de ella. Quizás estamos demasiado acostumbrados a poner por las nubes muchos de nuestros GRs, creo. No estaría de más si fuéramos capaces de hacer una valoración justa de ellos. Y lo digo desde la perspectiva de los años que tengo, quiero decir que de la misma manera que selecciono muy cuidadosamente mis libros a leer porque ya no tengo todo el tiempo del mundo para ello como me sucedía cuando tenía veinte años, del mismo modo me sucede con los caminos. Tanto a los caminos como a los libros debería exigírseles un determinado grado de belleza; ya lo dije en otras ocasiones, un libro para ser bueno tiene que llegar a emocionarnos y algo no muy diferente les sucede a lo caminos. Recuerdo la crisis que pasé el año anterior cuando me metí en el empeño de dar la vuelta a España a pie y en el mes de septiembre tropecé, ya en el Mediterráneo, con interminables urbanizaciones cuyo tránsito se me hacía insoportable. A punto estuve de acabar allí con mi proyecto. Luego resistí y a partir del delta del Ebro acepté que también, como en los libros, hay que atravesar por zonas áridas para llegar a los tesoros que pueda haber escondidos en la totalidad de las páginas. Quizás sea ese el caso también aquí, pero... no sé, veremos, espero que lo que me quede por delante me anime un poco. Aquello de que mi amigo Ignacio Aldea hubiera atravesado todo esto en un burrico debió de actuar sobre mi gustos literarios no en menor manera que mi afición de caminante. 

Lo poético, como sucede más arriba con el caso de los patos es un señuelo que vale mientras los patos no se caguen donde no deban o mientras, en el caso de los senderos, no abunden en exceso carreteras de asfalto y despiadadas pistas forestales. A los diseñadores de caminos cabría pedirles risueños caminillos, barrancos, riberas de ríos, hermosos parajes que atravesar, una bonita luz para hacer tomas meritorias y si se tercia una buena colección de chicas bonitas que alegren de tanto en tanto con su presencia la belleza adusta de alguna mañana de primavera. 



Hoy tocó también olivar para pasar la noche. Los pajaritos lejanos y un gallo peleón de un cortijo cercano acompañan con su música el final de la tarde.



5 comentarios:

Manuel Coronado Gil dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuel Coronado Gil dijo...

Estoy de acuerdo contigo Alberto, demasiado asfalto y demasiadas pistas, encima se te ha echado el verano encima y no es lo mismo, en invierno es bastante mas bonito. Lo cierto que las pistas y el asfalto no cambian de invierno a verano y también he tenido esas sensaciones de que el Gr ha desaprovechado la sierra de la que se podia haber sacado mas partido.

Alberto de la Madrid dijo...

Yo imagino que en España alguna vez llegará el momento en que estas cosas de atravesar el país se tomen mas en serio y pueda dedicarse más presupuesto a descubrir la entrañas de este bello país.

Sergio Iglesias dijo...

Venga Alberto,ánimo. Que te voy a decir con todos los kms que llevas encima. Lo de pasar por zonas de casas con perros ladrando es un horror y aún peor si vas a caballo, eso los excita mas. Mi remedio era poner la música y tratar de olvidar el entorno.
Tus patos son ánades reales, yo también los tengo pero domesticados. Tuvieron unos preciosos patitos pero en mi ausencia inexplicablemente pasaron a mejor vida. No es la primera vez, cuando yo no estoy siempre pasa algún percance. No culpo a la familia de estos incidentes porque cuidar a perros gatos, 2 caballos, ovejas,gallinas,conejos patos es mi cometido y como dice el otro !"quen teña tenda que a atenda"

Chao y adelante compañero.

Sergio

Alberto de la Madrid dijo...

Jo con tantos bichos que tienes no sé cómo te dejan salir de casa. :)
De momento seguimos adelante, aunque no sé por cuanto tiempo todavía.
Saludos