En el Sella y el Sassolungo



Refugio Friedrich August, 25 de julio 

Dedico mi post de hoy a José Luis Moreno y Ignacio Aldea con quienes subí y recorrí estas montañas hace casi cuarenta años.

Me encuentro tan cansado que dudo en ponerme a escribir. El dolor de espalda, este nuevo inquilino que se me ha colado de rondó parece estar dispuesto a hacerme la cosa un poco más penosa. Es un personaje que desde hace tiempo no me visitaba, pero que si se pone cabezón puede llegar a robarme algo de la tranquilidad que disfrutaba hasta ahora. 


Había puesto el despertador a las seis y media pero cuando me desperté, apenas pasadas las seis, el sol doraba las cumbres. Así que descubrí que la hija de la mañana, la aurora de rosados dedos andaba por ahí de pingo di un brinco en mi bien acomodado lecho y me dispuse a aprovechar mi jornada en previsión de que la lluvia, siempre tan al acecho este año, no me impidiera llegar hasta el paso Sella, mi destino de hoy. 

El paso de Campolongo, el de Pordoi y el de Sella son lugares en donde la densidad del turismo es tan grande como en la plaza de San Marcos de Venecia, razón no poca como para que me horrorice pasar por aquí mucho tiempo pese a la belleza del paisaje. Después de tanta lluvia los prados son un puro charco. Mi track subía desde el paso Campolongo doscientos o trescientos metros de desnivel, rodeaba un lago artificial y después seguía teóricamente por una ladera. El camino no existía, al camino se lo había tragado la exuberancia de las flores y las altas yerbas que llegaban más arriba de la rodilla. Mi única guía era el trazado azul del gps sobre el mapa. En pocos minutos mis pies estuvieron empapados como si hubieran estado horas bajo la lluvia. Seguí fielmente la línea del track, primero una discreta subida, después un largo descenso. Una hora más tarde comprendí que era inútil servirme de la señal azul del gps que volvía a subir por bellas laderas floridas pero donde no se veía un camino y en donde sin lugar a duda naufragaría entre tanta agua. Tomé una pista que me llevaba al pueblo de Arabbia y desde allí cogí la carretera que me llevaba al paso Pordoi con la intención de retomar el track allí. Nueve kilómetros de duro asfalto me dejaron en lo alto del puerto donde los turistas eran multitud. Embebido como estaba en las aventuras de Odiseo mi paso entre aquella multitud era un transcurrir más bien marino que montano. Odiseo, que ya había sobrepasado la isla de las sirenas, bien que atado al palo mayor de la nave y con instrucciones a la tripulación de no desatarlo, desobediente a los dioses se aprestaba a enfrentarse a Escila la de muchas cabezas y horrenda mirada sin que ésta llegara a hacer acto de presencia. Odiseo es un cabroncete que no duda en poner en peligro la vida de sus compañeros de navegación con tal de salirse con la suya complicándose la vida a sí mismo y a los demás. Bajando del Pordoi me suena el teléfono, el amigo Jorge Túa, desde alguna parte de España me proponía vía WhatsApp para sustituir al cristo de su pueblo, al que sacan en procesión en tiempos de sequía. En vez de a la procesión le sugería invitarme a dar un paseo por sus montes, que si aquí he sido capaz de convocar lluvias interminables ¿por qué no voy a conseguir lo mismo en el pueblo de Jorge? En esto estaba cuando otra santísima trinidad apareció de repente a lo lejos envuelta entre las nubes, señorales, espléndidas como dioses del Olimpo. La cumbre del Sassolungo con Le Cinque Dite (los cinco dedos) en medio tiene entre sus paredes alguno de mis recuerdos más caros, en este caso un verano en que Victoria y yo quedamos por esto montes con José Luis Moreno e Ignacio Aldea. Nosotros vinimos en avión y ellos en un mil quinientos de aquellos que se fabricaban después de la Segunda Guerra Mundial. Viajar en aquel cacharro fue toda una experiencia. El copiloto, Ignacio, iba en todo momento con una lata llena de agua en la mano. Sucedía que el radiador perdía mucha agua y cada diez minutos bajaba del coche casi en marcha, levantaba el capó y llenaba el radiador, volviendo a su puesto corriendo. Los recuerdos de aquel verano están ligados a esa extraña manera de viajar. En algún momento nos librábamos de echar agua al coche y entonces nos subíamos a algún pico. El Sassolungo fue una de aquellas ascensiones. En aquel mes de agosto Victoria estaba embarazada de seis meses, no escalaba pero hacía grandes caminatas sin problemas. Esta mujer, después de casarse con un loco como yo, pasó de darse paseos por Guadarrama a experimentar el gusto por las grandes caminatas por los Alpes. 



Desde el paso Pordoi el camino se interna en el bosque bajo las enormes y rosadas paredes del grupo de Sella. Los caminos están embarrados y descienden por fuertes pendientes donde es imposible no resbalar. En una de aquellas termino dándome un batacazo que hace saltar bastones y teléfono por los aires. Cuando vi volar el teléfono, dije, se acabó, pero no, aterrizó también de culo con el cuero de la funda sobre el barro. Por esta vez se salvó. Sólo pude darme cuenta de que me había hecho realmente daño cuando comprobé que ese preciado aparatito que lo contiene todo estaba sano y salvo. El culazo tuvo como consecuencia que anduviera medio cojeando el resto del día. 



La ascensión al paso Sella se hace por empinadas pendientes cubiertas de rododendros y abetos. Llueve durante un rato. Hago un pequeño descanso para comer y enseguida me pongo en marcha con la intención de dejar atrás cuanto antes las multitudes del paso Sella. Hay mucha gente pero el conjuntoque ofrece el puerto es extraordinario: la Marmolada, el Sassolungo, todo el formidable grupo del Sella, el Piz Boé, las praderías cubierta de flores huyendo hacia cuatro valle diferentes.



Terminaría el día en el refugio Friedrich August. Desde él una estrecha senda se adentra de nuevo en las montañas lejos del alcance de los turistas. 

¿Pronóstico del tiempo para mañana? No faltaría más: más lluvia. 





 
 



12 comentarios:

Manuel Coronado Gil dijo...

Preciosas fotos Alberto, disfruta de la lluvia que aquí nos estamos asando por encima de los 40º C.

luisbas dijo...

Muy buenas buen hombre. Ese agua te va a ahogar, como algo no lo remedie te vas a tener que comprar un barco. De todas maneras estas donde quieres, eso es bueno, asi que adelante y que la salud te respete. Fuerte abrazo. Que añado al de nuestro amigos. Pepe e Ignacio.

Alberto de la Madrid dijo...

Pronóstico para los cuatro días siguientes: lluvia. Divertidisimo, aunque en Merida os estáis asando. Saludos

slechuga dijo...

Me encantan los parajes por donde estas pasando, un Abrazo desde Santoña.

Alberto de la Madrid dijo...

Manuel, una curiosidad, el GR-7 por que parte de los Alpes cruza, el que lleva a Atenas?

Alberto de la Madrid dijo...

Santiago, la vida de jubilado bien merece cuidarla, regarla y mimarla. Nada mejor que alimentarla con lo que nos gusta.

Ignatius dijo...

Muchas gracias Alberto por esta dedicatoria tan entrañable...¡Que bien lo pasamos!. He de decirte que aparte del bidon de agua que saciaba la sed del radiador del mil quinientos de Pepe, tambien saciaba la sed del conductor con vino viejo de Zaragoza, habanos de la habana y de vez en cuando un farias que nos apretábamos en las cimas de los puertos de las dolomitas después de dar descanso al mil quinientos...sassoloungo, tofanas, adamellos...tu nos abristes las puertas de esas preciosas montañas y el recuerdo se hace presente cada día cuando disfrutamos de tus aventuras, del diario de un gran amigo...
¡Sube con nosotros mientras caminas...!
Un abrazo.

José Luis Moreno dijo...

Muchas gracias Alberto, por refrescar en nuestras memorias aquellos tiempos maravillosos . Aquel Seat 1500, al que le había montado un motor diésel Barreiros, aún nos dio mucha marcha ya que al año siguiente, también acompañado por Ignacio , nos subimos a Cabo Norte en el extremo de Noruega. Eran otros tiempos. Recuerdo también muchos viajes al Pirineo con Mayayo , cuando el estaba destinado en Tafalla y yo en Bilbao.
Con lo del vino viejo de Zaragoza, sucedía que yo tenía unos primos que regentaban un bar en lo viejo de Zaragoza "el coso" y tenían un vino que le llamaban El Abuelo, Ignacio y yo hicimos mucha patria con el en los innumerables viajes que realizamos, siempre llevábamos lista la bota.
De nuevo muchas gracias y sigue deleitandonos con tus fotos e historias. Un abrazo

Alberto de la Madrid dijo...

A mi memoria le vendría bien refrescar con lo recuerdos que asoman tras vuestras palabras. Esta afición de escribir que me entró en lo últimos años se beneficiaría de ello. Es bonito seguir disfrutando del pasado, en este caso con vuestra ayuda y compañía. Que podamos decir con el poeta, Neruda, algún día: confieso que hemos vivido.

Alberto de la Madrid dijo...

Por cierto Pepe, nosotros también llegamos en aquella época , con mi amiga Raquel, al cabo Norte con un 2CV que de caía a trozos. Tiempos aquellos. Benditos locos.

Manuel Coronado Gil dijo...

El sendero GR 7 E4 sube por Francia por la parte mas occidental, por Grenoble, entra en Suiza pero no coge Alpes va a traves de los montes Jura hasta el Lago Constanza, desde aquí salen dos variantes, la alpina por el centro sur de Austria y la variante norte por Baviera y entra en Austria por Salzburgo.

Alberto de la Madrid dijo...

Tuve un sueño, ¿sabes? Imaginando que cruzaba mucho más al sur, en algún momento me imaginé regresando a casa por tierra a través de algún GR. En algún momento me ofreciste los tracks del A4 y te contesté que no me daba la vida para tanto. Ahora no estoy tan seguro.