Un país en manos de canallas




Salines d’en Marroig, Formentera, 12 de abril de 2018 

Ya en el ferry empecé a disfrutar de estos días que preveo lleno de suavidad. Busqué un lugar solitario a estribor y me tumbé al sol, y las olas eran grandes y el barco subía y bajaba como quien se precipita en un gran hoyo y algo me mareaba a tanto movimiento, pero con los ojos cerrados recogía ya el néctar de un nuevo recorrido, sol, playas, acantilados, casi una semana para hacer un recorrido que se podía terminar en la mitad de tiempo, es decir el placer de caminar sin prisas y degustar el largos ratos de contemplar el mar, de tenderme al sol sin otra preocupación que tener en la mochila comida y agua suficiente. 


Nada más echar a andar me llama la atención la mole rocosa de Es Vedranell sobresaliendo del mar al oeste de Ibiza como un arrogante gigante que fuera a tirar de la isla con una soga camino de otros mares. El mar es de un bello azul turquesa entreverado con un verde transparente y profundo. Una pequeña vereda camina junto al mar, pero más adelante la dejo para andar por la playa donde las olas vienen a acariciar mis pies. En las horas siguientes recorreré un larguísimo espigón cubierto de dunas que es como una estirada lanza en el que el agua rompe a ambos lados. Gaviotas, algunos intrépidos voladores en sus tablas de windsurf haciendo cabriolas en el aire. Cuánto admiro a esta gente que juegan con las olas y que arrastrados por el viento describen hermosas figuras en el aire. 

No tengo prisa, paseo, quisiera seguir el espigón pero debo atravesar para ello con agua a la cintura un centenar de metros. No quiero mojar el macuto. Busco un rincón protegido del viento y allí pasaré parte del día comiendo y sesteando. 

Al fin el primer día de relativo ocio en dos meses de trotar por la Península. Se agradece. Ya en el ferry empecé a disfrutar de estos días que preveo lleno de suavidad, eso si es que la autoridades no me echan el guante, que aquí como en tantos sitios está prohibido acampar, esa manía que aqueja a nuestros queridos políticos de querer privarnos de derechos esenciales como es el de que alguien se pueda guarecer de la lluvia o la noche, cosa que se concede a todas las especies animales excepto a la denominada homo sapiens. ¿Tengo yo menos derecho a dormir en el campo que un perro? Quizás estos señores si tuvieran más luces e imaginación algún día podrían comprender, cuando se ponen a fabricar prohibiciones, que para organizar una sociedad hay que tener en cuenta a las minorías, minorías a las que continuamente pisotean sin ningún miramiento. La clase dirigente parece sacada muchas veces de las cloacas de la inteligencia. Me contaba ayer José Manuel Vinches que intentó viajar en AVE con los piolets y tornillos de hielo... no hubo manera, decía. Además en el tren no se puede facturar. La gentuza esta se monta un AVE de señoritos con la pasta de todos (seguro que en España no hay otras prioridades para gastar el pastón que cuesta el AVE. Por cierto que en Podemos se hablaba en los buenos tiempos de Podemos de parar las obras del AVE para traspasar fondos a asuntos sociales…probablemente algo que quedó en el olvido vaya a usted a saber por qué). También Paco apostillaba el asunto con estas palabras: Es lo de siempre, tenernos acojonados y agradecerle al verdugo que la hoja este bien afilada y desinfectada. 

España, patrimonio de unos pocos, ¿los señoritos quieren un tren de lujo? Les fabricamos un tren especial para ellos, con nuestro dinero, claro, pero que no venga ningún mierda con su piolet y sus clavos de hielo, esos que se vayan en burrito a sus montañas. Más asuntos, precios medios de los hoteles en Formentera entre 100 y 500 €. Prohibido pasar la noche en el campo. Ergo si no tienes esa pasta te jodes y te quedas en casa. Últimamente se me escapa demasiado la palabra gilipollas en este blog, quizás podría cambiarla por necios, estúpidos, subnormales o algún sinónimo similar, todos ellos dedicados a lo regidores (obviemos la conveniencia de no generalizar: se sobreentiende que no son todos, pero si muchísimos) de este país que son totalmente incapaces de usar el sentido más relevante que siempre deberíamos tener como medio de actuación: el sentido común. 

¿Qué es un país? ¿Un negocio para unos pocos? ¿Tan difícil es usar el sentido común para dar acceso a la gente para que disfrute de su tierra, su patria, sus medios? Que en el AVE es peligroso… Joder, establece un sistema de facturación. En Aragón nos despertó el otoño pasado la guardia civil. Estábamos durmiendo o en la furgoneta. Que en Aragón estaba prohibido dormir en vehículos. Eso dijo, aquel individuo linterna en mano mirándonos como si fuéramos terroristas. ¿Usted es imbéciles o qué? ¿Es que en España solo puedes salir de tu casa si tienes cien euros por día para pernoctar? 

Y a esta gentuza ¿nadie les para lo pies? Como decía Paco, tenernos acojonados y agradecerle al verdugo que la hoja esté bien afilada. ¿Y qué será eso de la hoja bien afilada, se preguntará algún despistado? Los miles de policías con sus perros correspondientes, pagados por nosotros naturalmente, azuzándonos detrás para salvaguardar los intereses de unos pocos. Esos mismos policías, competentes y listos ellos, que en las elecciones catalanas no fueron capaces de localizar ni una de las miles de urnas que circularon por el país hasta lo colegios electorales. 

Si alguno piensa que esto no tiene nada que ver con el hecho de caminar por Formentera, se equivoca de parte a parte. Yo vengo aquí a caminar, amo hacerlo, amo el mar, las montañas, los lugares entrañables y hermosos de nuestro país y desembarco en Formentera y por la noche tengo que esconderme como un delincuente para pasar la noche, y todo por salvaguardar el negocio hotelero, todo porque a las autoridades ni siquiera se les pasa por la cabeza la posibilidad de habilitar lugares para pernoctar, todo porque priman los negocios particulares sobre el bien general. Hay pasta para pagar el AVE, el tren para los señoritos de la película de Mario Camús, Los Santos Inocentes, pero no para…

Quizás los amantes de la Naturaleza deberíamos empezar a movernos en este país; “el sistema” cada vez nos da más por culo; no sólo en estas cosas, claro; y callamos y callamos como si no tuviéramos otra opción posible para el futuro. LA PASTA, el sistema económico que tenemos, convertida en la reina del mambo y aceptada silenciosamente por la mayoría, terminará por deglutirnos a todos. 

Casi no me acordaba de cómo era mi tienda, pero busco un lugar protegido del viento entre los arbustos de las dunas, la abro, la instalo, me meto dentro y, ah, encanto, encanto de mi casa de los Alpes, de Córcega del pasado verano y de pronto se me agolpan los recuerdos de tres meses de travesías, de tormentas, de horas y horas pasadas en el acogedor interior de ella, amiga, compañera, hogar. Y recuerdo un día que escribí una lo a mi tienda y me siento desagradecido con ella, por no haber la recordado e todo este tiempo, este encantador trozo de tela que tantas tormentas resistió, tantas hasta el punto de que tenía que dormir tantas veces con lo tapones de cera puestos debido al fragor de los truenos y de la lluvia torrenciales sobre este pequeño hogar de dos kilos de peso. Regazo, compañera: gracias. Había estado tumbado junto a las olas pero al final de la tarde la temperatura bajo y tuve que abandonar la orilla del agua. No instante estoy cerca, hasta mi tienda llega el rumor de las olas, rumor también amigo de tantas y tantas horas pasadas recorriendo el litoral mediterráneo y cantábrico, las noches bajo las estrellas mientras las olas rompían al lado, las horas previas al alba caminando por extensas playas desde el cabo de Creus hasta mucho más allá del cabo de Gata. Ah, el mar y el rumor de las olas, el mar y esa sensación indecible de inmensidad e infinitud, el mar y el sol con su lanza de fuego tendida sobre su superficie al amanecer cuando el principio del día se asemeja al nacimiento del mundo, el mar de Keats:

Vosotros, que tenéis el oído anegado en roncos gritos,
cansados de las mismas melodías,
sentaos cerca de una de esas grutas del mar, y ensimismaos
hasta que os sobresalte algo así como un canto de sirenas.














2 comentarios:

Francisco Sanchez dijo...

Cualquier día de estos te veo en la trena, hemos retrocedido, con la ley mordaza, 40 años, en un tiempo Formentera fue un paraíso para los espíritus libres y libertarios, una tierra donde podías acampar en cualquier lugar y nadie te molestaba, pero....
“ estos Fabio, ! ay dolor ! que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron en un tiempo Itálica famosa”

Alberto de la Madrid dijo...

Espero que allí me dejen acampar o por lo menos dormir en paz.