El Chorrillo, 18 de junio de 2020
Ayer, recuerdo que pretendía hacer noche junto al Puente de los Poyos, a última hora comprendí que mi ingesta de agua no era la adecuada para mis riñones y terminé buscando el arrullo de un arroyo. Vivaquear junto a un riachuelo es otra de mis debilidades que tropiezan evidentemente con las normas, ese Gran Hermano que vigila y vigilará todos nuestros actos con sus mayestáticas disposiciones para intentar hacernos la vida imposible y conducirnos a todos como a un rebaño. Y ya se sabe que las debilidades, con o sin preservativos, siempre encuentran el camino para ser satisfechas pese al Gran Hermano, que suele dormir cuando se oculta el sol, dando además por descontado que por la noche todos los gatos son pardos.
Conclusión, que no sé si según los prohibidores se puede o no se puede vivaquear, pero que me da lo mismo. A esta gente encargada de la gerencia del Medio Ambiente se la traen floja los derechos de los amantes de la montaña, y ya se sabe que no hay status social aceptable en donde no se consideren a la vez los derechos y las obligaciones. Estos señores del Medio Ambiente antes de señalar ningún tipo de prohibiciones lo que deben hacer es cumplir sus obligaciones, ergo, cuidar el monte, retirar la leña muerta, hacer seguro el futuro de nuestra Pedriza. Ya hablé en algún otro lugar de esta clase de vándalos metidos a gestores de este reino de los riscos.
Al final sustituí el canto de los pájaros de mi tarde junto a la Majada de Quila por un recoleto pradito a la vera del arroyo Ventana. Jugar al ajedrez recostado en el tronco de un pino mientras la música del agua alegraba mis oídos constituyó mi pasatiempo hasta que se hizo de noche.
Hace ya décadas que uno no está para la cosa de gatear por los riscos de la Pedri , y aunque algún animoso amigo me haya invitado alguna vez a recordar viejos tiempos sobre la pared Santillana o el Cancho de los Muertos, necesariamente he tenido que declinar la invitación por razones obvias de higiene mental y física. Terminar dignamente mi historial de escalador convertido en fardo no sería algo lindo de recordar en el momento de picharla J. Siendo jovencito una vez vi tratando de subir lamentablemente una chimenea a un señor gordo en La Campana , un señor que luego resultaba ser una personalidad en el mundillo de la escalada de la generación que me había precedido, y el espectáculo no me gustó nada, así que lo mejor es adaptarse al paso del tiempo y dedicarse como es el caso a vagar por la Pedriza y a recolectar flores y pájaros con la cámara o el micro del teléfono. Y por supuesto a vivaquear en algún encantado rincón del paraíso pedricero.
Así que ahora toca recorrer Pedriza en clave menor, o mayor, según se mire, lo que me permite acercarme a ella con lo ojos del curioso que pisa tierra nueva olisqueando recoletos rincones que en los tiempos en que tocó escalar la obsesión por recorrer tal o tal vía no permitía. En cosas así iba pensando mientras descendía de Tres Cestos esperando encontrar a la izquierda el sendero que me llevaría a Cuatro Caminos. ¡Qué bello es todo ese entorno! Tan hermoso que sentía dolorosamente la posibilidad de que todo esto un día, por falta de previsión, quedara arrasado. El color del suelo tapizado por la pinácea, el sendero zigzagueando como en un cuento de hadas entre los pinos y los peñascos. Y sin embargo siempre el temor, el temor a esos cientos de pinos talados y troceados que los forestales han apilado junto a la línea del sendero o simplemente dejado esparcidos por el bosque auspiciando en todo momento una situación en que, de darse un incidente, contribuirían a incrementar enormemente la capacidad devoradora del fuego. Me dolía pensar que la más mínima eventualidad podría acabar con el entero bosque de la Pedriza. Consideraba lo poco que la previsión cuenta en nuestro país y en los muertos que ha costado esa falta de previsión, y que podría servir de ejemplo para el bosque encantado que por la tarde recorría, armonía de colores, armonía de cantos de pájaros, de texturas, de grandes bloques de granito convirtiendo cada rincón en un gozo para los sentidos.
Al día siguiente, cuando llegué a casa, participé en una entrada en FB de Daniel Orte que hablaba de estos asuntos. Leí algunos comentarios al respecto, pero hubo uno en especial que deseo compartir aquí porque hace un planteamiento general informado e interesante sobre el problema forestal en la Pedriza. La entrada pertenece a Rosi Jiménez. Dice así: “En la Pedriza los trabajos forestales, que son pocos, sólo alguna zona al borde de la pista, no se están haciendo adecuadamente, por falta de buena gestión forestal y planes forestales y cuidado con los trabajos que se hacen. Efectivamente hay que apilar los troncos para que se los lleven (no se si piensan tenerlos eternamente ahí) como otras veces ...y descortezarlos para evitar plagas que se propaguen al resto, ya que la mayoría viven entre el leño y la corteza, y las copas astillarlas o llevárselas. En invierno a veces se queman, pero cada vez menos...Todavía hay zonas que sí se hacen con mulas para evitar compactar el terreno en zonas sensibles y de erosión o con skiders pequeñitos como mucho que pasen pon las vías de saca diseñadas. Para la regeneración del bosque autóctono tienen que hacer un tipo de claras, específicas como son las de fustal y latizal, y abrir huecos pero no cortar todo tipo de árboles por igual y de cualquier diámetro, como he visto, porque cuando nacen los resalvos de encinas, alcornoques, robles, arces etc... no van a tener protección ninguna a las heladas, el viento o el sol... Y todas esas cuestiones y más necesitan de una gestión forestal adecuada y una supervisión de los trabajos. En fin, el coño la Bernarda , seguimos con la mala y nula gestión de la Consejería de Medio Ambiente”.
Aunque yo hubiera mandado al fuego eterno a lo gestores de la Pedriza tan sólo por el acto de vandalismo de destruir uno de los rincones más bellos de la Pedriza donde los hombres, la Naturaleza y el tiempo se habían confabulado para crear un pequeño paraíso, hoy, después de atravesar por caminos que no recorría desde hace tiempo, tan sólo les condenaría al Purgatorio, porque efectivamente algo, como decía más arriba Rosi Jiménez, algo han hecho, pero poco y muy chapuceramente.
Si llegara el caso, ¿qué haremos, a quién echaríamos la culpa de la terrible situación en que puede quedar toda la Pedriza si un día prende el fuego en sus bosques? Si tal eventualidad se diera la entera Pedriza ardería como la yesca alimentada especialmente por los troncos secos y troceados que han dejado esparcidos por todos los lados. Mientras atravesaba todo aquel bosque y descendía hasta el arroyo Ventana se me ponían los pelos de punta pensando en que algo así pudiera suceder.
Al final, y visto que las nubes se prodigaban en lo alto, pensé dormir en un abrigo que hay junto al camino bajo el Pájaro, pero cerca de él, allá, junto al riachuelo apareció un lugar tan encantador que decidí vivaquear allí. A las cuatro y media me despertó la lluvia. Confiando en que ésta fuera algo pasajero, estando en el saco metí los pies dentro del macuto y me cubrí el resto con la capa de agua. No tardé en dormirme apaciblemente bajo el suave tintineo de la lluvia que hacia dúo con el fluir del arroyo. La lluvia no fue a más. Cuando amaneció me fue imposible levantarme; era tan apacible estarse en el saco arrullado por el canto de los pájaros y el agua… A los que las prisas en la vida les pueden y les crean situaciones de estrés no les recomendaría otra cosa que dormir bajo las estrellas, despertar y quedar mirando la débil oscilación de las copas de los pinos en lo alto mientras las nubes pasan ligeras y algodonosas más allá de sus altas pelambreras.
Lo que siguió fue un paseo hasta el Tolmo, un ascenso al collado de la Dehesilla y un largo y entretenido descenso hasta la Hoya de San Blas que fue un continuo parar para fotografiar todas las especies de flores que me encontraba en el camino. Sí, persistía en mi deseo de conocer a todos los amigos seres vivientes de toda condición que habitaban junto al sendero. Quizás llegue un día en que caminar por la Pedriza sea un saludo continuo a sus habitantes, buenos días doña saxífraga, doña jara, don gordolobo, hola, señor tomillo; o, deteniéndote ante el canto de algún pájaro, saludarle, bonjour monsieur pinzón, hola carbonerillo, ¿qué tal acentor? En fin, como le decía hace un momento por Messenger al amigo José Manuel Vinches, todo un excelente conocimiento, esas buenas cartas de navegación que necesitamos para la singladura de la vida que tenemos delante...
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| Campanula |
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| Craspeda |
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| Genista |
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| Jasiones montana |
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| Rosa canina |
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| Jara |
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| Clinopodium acinus o albahaca agreste |
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| Crisantemo chrysanthemum coronarium |
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| Hiperico corazoncillo o hierba de san Juan |
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| Juguarzo morisco |
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| Tuberaria guttata |













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