Vivac en El Corral del Diablo

El Cerrojillo, el Juraco, Covacha y Alto de la Cruceta

 


Corral del Diablo, 4 de junio de 2020

 

No he encontrado sobre la cumbre más que piedras, así que sobre piedras me toca dormir. Sería curioso conocer el origen del topónimo de esta cumbre que aún estando lejos de Galicia lo mismo algún añorante gallego montó aquí en su tiempo algún aquelarre digno de mención. Se ha acercado la noche y hasta el momento no ha aparecido por aquí ninguna meiga, que aunque apareciese sería bien recibida, más si la bruja es bonita y de agradable buen ver.

Esta mañana: habia oído entre sueños algo así como ruido de tormenta lejana, que me pareció, así que andaba en el saco como esperando dormir toda la mañana. Pero ni tormenta ni na, que con las fotos nocturnas de las tantas de la madrugada me había dormido tarde y uno de mis enanitos me estaba tomando el pelo para que siguiera durmiendo. Total las diez de la mañana y yo con estos pelos. Pego un brinco, salgo del saco, pongo en el teléfono una cumbia de Adriano Celentano y a bailar se ha dicho, que en el cielo no se ve una sola nube y hay que poner el cuerpo en disposición. Y luego fuera del refugio a hacer el saludo al sol, que para eso está ahí invitándome a un día más de caminata. Mientras tanto una numerosa manada de cabras montesas pasa al trote frente al refugio y aquello parece la banda sonora de una película del oeste. Desayuno al sol en la puerta del refugio.

Ni un alma por los alrededores. Tampoco hay asomo de sendero por esta parte del mundo, que al norte de La Covacha, El Juraco y Alto de la Cruceta (Las Azagayas) senderos, ni flores, a lo más, y si tienes suerte de no perderlos, los hitos de rigor. Tengo todo el día por delante para llegar al Corral del Diablo, así que no hay prisas. De momento le digo al gps que me lleve a la Laguna Cuadrada y él, muy obediente, que se ha hecho con un mapa alemán en donde vienen todos los caminos habidos y por haber (curiosos que los alemanes conozcan estos caminos al dedillo y con indicación de su dificultad y que el IGN español no se coma dos roscas en esto de dar señal de vida de muchos de los senderos en sus mapas) me lleva sin más dilación a la laguna Cuadrada, un lugar agradable y bonito recomendado para vivaquear por Pedro Nicolás, pero que siendo tan temprano me sirve para descansar un poco, llenar la cantimplora y seguir para adelante a la caza de los siguientes hitos.

Bendito este caminar en la soledad de este inmenso circo de piedra, un caos de roca donde sólo el cielo es testigo de su belleza salvaje y rebelde. Canales, repechos rocosos, un repentino rodar de rocas que delata la presencia de alguna cabra montesa. A veces pierdo los hitos y tengo que echar mano del gps, pero llego bien al collado de Portilla Honda entre el Cerrojillo y el Juraco. ¿Y si me doy una vuelta por la cumbre del Juraco? Este pico visto desde la cima de la Covacha ofrece un aspecto tan agreste que la vez anterior que pasé por aquí no me atreví a intentarlo, pero desde el noreste su ascensión es otra cosa. Dejo la mochila en el collado y me doy una vuelta hasta la cumbre. La vista hacia la Azagaya y la Covacha es hermosa desde esta cima.

Desde hace un poco estoy empezando a notar que uno de mis enanitos requiere mi atención. ¿Sí? Y al otro lado: Para tío, que esto no es una guía. Sí, tiene razón. Pobres, me digo, aquellos cuyo trabajo consiste en confeccionar guías, ahora tira por la derecha, después salta un arroyo, bordea un prado por la izquierda… ¡Jesús!

Bien, se acabó. Llegué a la cima del Corral del Diablo tan temprano que no se me ocurrió otra cosa que buscar un lugar entre las rocas, preparar mi vivac y echarme el saco por encima. Quedé frito en unos minutos, el cuerpo cansado, la larga jornada de trajinar entre las rocas me producían un infinito bienestar. Desperté cuando el sol empezaba a pintar de miel y ámbar las montañas de los alrededores. Un poco más tarde, mientras me preparaba una sopa de fideos y cebolla, el momento en que el sol se escondía por la sierra del Calvitero, una larga nube, como un inmenso fular desplegado en el cielo de norte a sur, se vistió de un oscuro rojo y compuso un cuadro para que un servidor pudiera echar mano a la cámara fotográfica e intentara dejar testimonio de esa cosa tan sencilla y bonita que puede ser una nube flotando en el cielo del final de un día más. Un día más que se marchaba anónimo y silencioso dejando tras de sí unos pequeños trazos de belleza.

Entre unas cosas y otras vino la noche y ahora el cielo, siempre tan ameno y cambiante, se ha llenado de pequeñas y chispeantes lucecitas que reclaman mi atención. Saco la cabeza por la boca del saco y las miro; y miro también las otras, las luces que llenan el llano, las estrellitas terrestres que el Principito ha ido encendiendo una a una para que la gente no se tropiece en la oscuridad y se dé un coscorrón contra una farola. Sí, recuerdo aquella ocasión en que el Principito ofició de farolero. ¿Por qué será que este personaje tan singular, creado acaso para entretenimiento de los niños, nos conmueve tanto, nos deleita, hace que nos acordemos de él cuando las cosas de las vida se nos presentan con un cariz especialmente sencillo? Ese Principito que se acerca a un sabio enfrascado en complicados cálculos y al que pregunta una y otra vez por la razón de su trabajo sin que éste pueda dar otra respuesta de su porqué porque anda tan metido en sus elucubraciones que ha perdido el sentido de la realidad. Sí, ¿y qué es eso de la realidad cuando yo la miro desde dentro de mi saco frente a un pequeño teléfono, qué son esas lucecitas a mis pies sobre el llano? ¿De verdad son farolas? ¿No serán mejor estrellas que se han caído del cielo y han quedado como  luciérnagas dispersas sobre la tierra? ¿Quién dice que por allí abajo lo que hay son grupos dispersos de sapiens que como hormigas cumplen su ciclo vital como cualquier otro bicho? Podrían ser extraterrestres, gente rara que se afana día y noche en ¿qué? ¿En para qué? Vista la vida desde las alturas todo se ve diferente y con mayor claridad. No en vano Saint Exupery era aviador. Si Exupery hubiera sido minero seguro que no habría sido capaz de crear ese sabio personaje que a todos nos deleita con su aparente simplicidad.

Bueno, que me voy con las estrellas. Buenas noches.


 






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