Atravesando el Macizo de La Vanoise

 



Bajo el Col du Palet, 10 de julio de 2021

Por encima de Peysey Nancroix – Refugio d'Entre-le-Lacs – Bajo el Col du Palet,

 

Hace frío. El brioso torrente junto al que he acampado además de hacer un ruido de mil demonios, que a la hora de ayudarme a dormir es sin embargo como una nana, crea una atmósfera húmeda que se masca y que me obliga a abrigarme. Todavía no puedo saber si está despejado o no. Los árboles y la espesa vegetación apenas me dejan ver el cielo. Pero sí, está despejado. A los pocos minutos de echar a andar un rayo de sol penetra el bosque. No es el del Arcángel San Gabriel de Fra Angélico que viene a anunciar la buena nueva, pero se lo parece. El bosque exuda humedad y este primer calor lo despereza. Las hojas brillan contra la oscuridad que todavía duerme en el sotobosque.

Tengo por delante toda una jornada de subida y desde el principio intento dosificar mis fuerzas con un paso lento pero constante. Cuando el sendero sale del bosque se abre un amplio valle casi llano que a lo lejos va a toparse con las montañas.

Ayer comentaba Álvaro Martínez en relación con un post anterior en que nombraba El mono desnudo, de Morris, lo siguiente: “El mono desnudo… mondieu! Me has hecho volver a mis 19 años, cuando lo leí! Ese libro de Morris cambió totalmente mi visión del mundo, del Hombre, fue clave en mi abandono absoluto de las veleidades religiosas que aún me rondaban como un moscardón en celo”. En esta parte de la jornada el camino, una vereda que corre entre prados a un centenar de metros de la carretera, es lo suficientemente monótono como para que pueda dedicarme a sacarle punta a las palabras de Álvaro que precisamente sintonizan con mi propia historia personal. Yo también leí a Morris de muy joven y fue con libros como El mono desnudo y algunos otros como Dios y el Estado (este último en la adolescencia, y que seguro entendí sólo a medias) los que me ayudaron a salir del atolladero en que ocho años de colegio con los curas me habían metido. Niño de misa y comunión diaria durante ese tiempo como fui, y al punto de que me cazaran para meterme en el seminario, me costó muchos años salir del lavado de cerebro que había sufrido durante toda la escolaridad. El libro de Morris con todo es un libro antiguo y desde su publicación ha llovido lo suficiente para que en la actualidad nos podamos mostrar mucho más radicales de lo que se mostraba Morris en relación a la religión. No son pocos hoy los que piensan que aquellos que siguen en las redes de las religiones, practicantes o creyentes simplemente, viven en un estado de infantilismo. Yo no me atrevería a decir tanto, pero pensar desde el conocimiento que tenemos hoy del universo y su origen parece totalmente incompatible con cualquiera de las grandes religiones.

De todos modos lo que resulta totalmente inaudito es que las religiones hayan conseguido de manera tan eficaz durante milenios tener acogotada a toda la humanidad con creencias que hoy nos parecen absurdas. La inaudita presión social que consigue pasar un cuento, el Genesis, por ejemplo, por un conocimiento cierto de la creación del mundo, visto desde hoy, y a toro pasado, claro, nos habla de la fácil credibilidad con que generaciones muy anteriores y nuestros ancestros, presionados por la necesidad de evitar la muerte y tener el amparo de un ser superior, acataron desde siempre creencias que hoy nos parecen descabelladas. Caminar y darle cuerda a estas cuestiones es probablemente un desacierto, pero bueno, ahí están; y están tanto como para que al vagabundo se le ocurra que el mundo está lleno de niños grandes que no han tenido tiempo de llegar a la edad adulta y que niños son el Papa y todos sus cardenales y parroquianos. Así, sin más.

¿No somos acaso niños, no lo es más de la mitad de la Humanidad cuando hacemos dejación de nuestra capacidad de pensar y nos sometemos a ciegas al dictado de los próceres que asumieron a lo largo de toda la historia el liderazgo de las distintas comunidades que se formaron en el mundo? Niño fui yo e imagino niño fue Álvaro hasta el momento en que decidimos enfrentarnos a ese lavado de cerebro a que nos sometieron en el colegio. Niños en otro plano somos cuando otros lavados, los de Franco tras nuestra guerra, consiguieron crear generaciones afectas al Régimen Franquista; o los alemanes de los años treinta. Los mahometanos, los católicos, los hindúes ¿no son también niños presos de ideas ajenas pasadas como verdades irrevocable?

Si sigo tirando de la cuerda a este asunto lo mismo me excomulgan; por cierto que días atrás la Conferencia Episcopal de EEUU abría las puertas a la excomunión de Biden por apoyar los abortos. Más niños para la colección. Cambio de tercio.

He subido ya un buen trecho valle arriba, y ahora en la ladera opuesta se desploma una cascada en las alturas. Una buena disculpa para dar alivio a mi espalda que lleva ya un buen rato chillando. El agua cae desde una altura considerable como encajes de cortina que se sucedieran unas a otras hasta romperse la crisma con el suelo doscientos metros más abajo. Una vez estuve bajo la cascada de El Ángel, en Venezuela, Canaima, un tremendo kilómetro vertical de cascada y aquello realmente sí que impresionaba. Sus aguas creaban una lluvia constante cientos de metros alrededor de su base.

Últimamente ya no me molesto en saber los metros de desnivel que subo, digamos que hoy son muchísimos. El sendero termina por remansarse en algún momento ya muy arriba, pero todavía queda tela hasta el refugio d’Entre-le-Lacs, donde el paisaje ya se ha vuelto totalmente alpino. Me atiende una guapa camarera que al verme extender la tienda para su secado se esfuerza en desempolvar su poco castellano y me lleva al tendedero en la parte posterior del refugio. Como bien, me atienden bien, y además he encontrado una tumbona para mi espalda.

Me adormilo al sol durante un buen rato después del café, pero todavía me quedan quinientos metros de desnivel y un largo paseo hasta el col de Palet. Espléndida la vista de ambas vertientes en el collado, mas no me detengo. Estoy cansado y quiero buscar cuanto antes un lugar para terminar mi jornada de vagabundeo. Sopeso quedarme en el collado junto a un lago parcialmente helado, pero aunque está despejado, no me fio. Estoy sobre los 2600 metros y si tenemos tormenta y viento esto puede ser muy duro. Doscientos metros más abajo encuentro el lugar adecuado. Hace un sol sin nubes cuando pongo la tienda, pero una hora después todo esta cubierto y a poco la lluvia repiquetea en el techo de mi tienda.















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