La gente




Viana de Mondéjar - Mirabueno, 6 de abril 

Tras dejar atrás Las Tetas de Viana, dos montañas que se pueden ver desde decenas de kilómetros a la redonda, y atravesar un oscuro bosque de encinas ya empiezo a prever la presencia del río Tajo allá en la hondonada. Cuando los primeros rayos del sol llegan a esta tierra tengo delante de mí un espectáculo de rara belleza, una enorme masa de hormigón surge en mitad del paisaje como cabeza de Vulcano con los cabellos al viento. Realmente era una visión sacada de la mitología toda aquella estructura que se elevaba en la llanura y que no era otra cosa que la central nuclear de Trillo. 



Más adelante, mientras el sol bañaba las alturas de los escarpes de Trillo el río fue surgiendo de la oscuridad glauca de sus aguas. El sol bañaba bellamente las fachadas de las iglesias y las casas, el río Cifuentes bajaba alborotado en numerosas cascadas entre los chopos. A la salida del pueblo me encuentro con Alberto, animoso caminante al que estaba matando el tabaco y el colesterol y que cambió su vida radicalmente cuando decidió hacer caso a los médicos y darse todos los días unas caminatas de dos o tres horas. Al cabo de un rato topamos con un hombre mayor que está haciendo gimnasia en el camino, se trata de Sebastián, hermano de Alberto, hombre de ochenta años de aspecto saludable que casi me deja atrás con su paso vigoroso.  Durante un buen rato charlamos animadamente los tres, hasta llegar a la desviación de la flecha amarilla, esa que lleva a Santiago. Les hago la foto a la vera del camino. Nos despedimos. A algunos kilómetros de Cifuentes siento pasos a mi lado, me vuelvo y me encuentro con Martín, un hombre de baja estatura que regresa ya de su caminata diaria de veinte kilómetros. Me dice que por la tarde todavía se da algún paseo más además de ir a nadar y hacer una hora de gimnasio. Nadie quiere ir con él, dice porque no hay quien le siga. Compartimos nuestra afición de caminantes solitarios. Me deja en la plaza de Cifuentes. Las once y media de la mañana, demasiado pronto para dar por terminada mi jornada. Hago un desayuno comida y me echo de nuevo al campo, un tramo común con el GR-10 que ya hice hace algunos años, entonces siguiendo por ese camino llegaría a Finisterre. Antes de llegar a Las Inviernas el GR-10 gira hacia poniente mientras yo me dirijo al norte.



Los colores inundan el campo, las nubes adornan arriba volateras y algodonosas el conjunto del 
lienzo. Siento como si hoy el camino me hubiera purificado, se me otorgase el derecho de sentirme una parte más de lo que me rodea. Hermoso paisaje agrario donde los verdes y las tierras intensamente ocres recién aradas, acompañadas por las alineaciones de álamos que siguen el curso de los ríos, hoy atravesé el Tajo, el Cifuentes y el Tajuña, parecen puestas ahí para mi recreo estético y para mi cámara.  




Esta mañana, a raíz de mis lecturas, estaba en la idea de escribir sobre la gente, ese telón de fondo que la autora de mi novela lamentablemente sólo tiene en cuenta ya sea para ensalzar los logros de sus protagonistas congregándolos a su alrededor resaltando sus éxitos y aplaudiendo sus proyectos llevados a buen fin, ya sea para lo contrario, usando a la gente en general, los trabajadores, los ciudadanos, los lectores de la prensa como ensordecedor coro manejado por las élites de la política o del poder económico. La gente puede ser algo horrible y pecaminoso; en tiempo de Robespierre la gente pudo convertirse en una sanguinaria masa humana dispuesta a llevar a la guillotina a media Francia; en tiempos de la Comuna de París o el alzamiento de Madrid contra Napoleón esa misma gente ejerció el noble papel de liderar la lucha por la libertad de su patria. En nuestra realidad actual cabría decir hasta no hace mucho que la gente en general estaba dormida, que eramos carne de cañón del sistema, así hasta que el 15M despertó a muchos. Bajo ese velo de tedio y conformidad resurgió la indignación y las calles se llenaron de gente dispuesta a hacer valer sus derechos. Pero luego hubo largos silencios y entonces hubo que volver a la idea anterior, la gente, esa que vota masiva mente a aquellos que roban sus principales derechos y deja transcurrir su vida sin intervenir en la vida pública. Sin embargo de entre ese concepto general de lo que sea la gente resucitan pequeñas masas que se oponen a los desahucios, que luchan junto a los enfermos de hepatitis C u otras causas menores. Esta gente, lo mejor y más solidario de la sociedad, resulta que también es gente. Es inconveniente e injusto generalizar, sin embargo cuando vemos cómo tantos cientos de sinvergüenzas amparados bajo el paraguas de la política son elegidos cada cuatro años por "la gente" uno empieza a necesitar culpables reales y no se le ocurre otra cosa que echar la culpa a la gente, a los que votan a los sinvergüenzas. 


Hoy yo tuve un incidente con "la gente". Había caminado treinta y un kilómetros desde Viana y había llegado a un pequeño pueblo llamado Las Inviernas. Mi información decía que el Ayuntamiento daba acogida en el centro social a los peregrinos. Entro en el pueblo y pregunto a una mujer mayor que me encuentro y me dice que sí, que tengo que bajar a una plazuela y preguntar en un bar. En el bar pido una tónica y mientras me la tomo pregunto a la señora que atiende por alguna persona responsable del ayuntamiento o quien pueda tener la llave del centro social. Su contestación es que no hay ningún lugar para alojarse en el pueblo, que tengo que ir hasta el pueblo siguiente a trece o catorce kilómetros, que la alcaldesa vive en Guadalajara, que... Voy entendiendo. Salgo a la calle con la tónica en la mano dispuesto a averiguar qué coño pasa y pregunto en la casa de enfrente donde un hombre de mediana edad y un señor mayor están sentados. Se encogen de hombros, se pasan la pelota. Primero nadie sabe el número de teléfono de la alcaldesa, luego salen dos señoras y una le dice a la otra en voz baja que ella no va a dar el número. Cuando ya comprendo que estoy frente a uno de esos males endémicos de algunas zonas rurales, la zafiedad, frente a una pandilla de imbéciles, porque entonces ya hay un corro de seis o siete personas, no tengo más remedio que tratarlos como corresponde; sólo me faltó esbozar una sonrisa y llamarle bruja a la que con su cara de palo parecía más determinada a no sé qué. Escuchaban con la boca abierta sin contestar palabra. 

Volví a entrar en el bar, ¿qué clase de gente son ustedes?, pregunté a un grupo de palurdos de esos que uno creía que ya no existían en nuestro país, mala gente zafia y ruin que aceptaba mis sarcasmos sin abrir la boca como estatuas de piedra. En el pueblo pregunté todavía a cuatro o cinco personas más. El último dice no saber el teléfono de la alcaldesa pero vocea desde lo alto a un grupo de hombres que toman el sol si lo saben. No, no saben, no contestan. Esto también es gente. Pienso que nuestro idioma debería tener  términos diferentes para referirse a un tipo u otro de gente. Cuando oigo decir la expresión este país de mierda, siempre me produce cierto chirriar de dientes porque la 
expresión es absolutamente cierta pero también totalmente falsa. Un país, un pueblo lo constituye, lo define su gente pero también es cierto que podemos identificar a España con los corruptos, con los sinvergüenzas, con los aprovechados o los listillos. Las necesidades de simplificar nuestro modo de hablar pueden ser fatales para definirnos a nosotros mismos como país. Sabemos que en los tiempos de oscuridad y desesperanza uno tiende a generalizar por el lado sombrío, pero luego, cuando, por ejemplo, asiste a una manifestación tan multitudinaria como la convocada por los enfermos de hepatitis C, uno entiende lo mucho de solidaridad que el conjunto de la sociedad encierra entre el público anónimo. Esta mierda de gente que me encontré yo hoy en Las Inviernas no ensombrece ni mucho menos el regalo de hospitalidad y atención que me vengo encontrando cada día desde que salí de Alicante. La excepción hace la regla. Cuando salí del pueblo sacudí el polvo que se hubiera adherido a mis botas en ese lugar y tomé camino adelante. Todavía pararía más adelante a un tractor para conversar con su conductor y comprobar que incluso en un pueblo de mierda puede haber 
gente cuerda con la que conversar. El tractorista me había indicado unas parideras en un alto donde podía pasar la noche, pero una vez allí no me convencieron. Paré, eso sí, a descansar un rato. 


Después de la negación a proporcionarme alojamiento en el pueblo no me quedaba otra si no quería dormir a la intemperie que cubrir cuarenta kilómetros muy largos en la jornada. Así que me lo tomé con calma. Por el camino llovió un rato, hacia el oeste se avecinaba la tormenta pero fue clemente conmigo, más adelante me encontraría el suelo empapado por la lluvia. Empezaba a atardecer, el horizonte se puso hermosamente fotogénico. Llamé por teléfono a un hostal pero no me gustó el precio. Se me estaba empezando a hacer de noche. Saliendo de Mirabueno me di de narices con uno de esos antiguos lavaderos de los pueblos donde el agua sonaba como un río. Era un sitio muy acogedor. No me lo pensé dos veces. El peregrino hoy dormiría junto al sonido del agua. La tormenta cercana tronaba en el cielo.



 

5 comentarios:

slechuga dijo...

Alberto el pueblo que has relatado, es el típico, que si hablas de Podemos, piensan que les van a quitar sus casas.

Manuel Coronado Gil dijo...

Recuerdo Las Inviernas cuando camine por el gr 10. Era esa época cuando la cobertura de móviles era aún escasa, pregunté a una chica rusa que regentaba el bar por aquel entonces, donde encontraria cobertura, era domingo a mediodía, "en la plaza hay un canalón y hay que pegarse a él para obtener cobertura", me dijo. Mi sorpresa fué al llegar a la plaza y encontrarme una cola de cinco para llamar por telefono.
No desesperes Alberto, por lo general impera la buena gente.

José Luis Moreno dijo...

Las Tetas De Viana, muchos las ven y pocos las maman.
No es la primera vez que caminas por sus cercanías, recuerdo aquel viaje que atravesando por tierras de Teruel y el alto Tajo , pasando por el Hundido de Armallones te acercaste a Otero, pueblo que te pareció antipático por las malas señas que te dieron para continuar hacia Carrascosa Del Tajo, pero una vez en este pueblo editaste una buena colección de fotos que me emocionaron, ojalá hubiera podido estar allí para servirte de guía y enseñarte algunas joyas que guarda tan celosamente que sus gentes ni siquiera hablan de ello, por ejemplo en su iglesia, tienen una talla del Santo Cristo, que es de Salcillo, un órgano de fuelle en perfecto estado de conservación y en la cara oeste de la montaña, toda ella está minada de bodegas en donde se hace un vino y un aguardiente que resucitan a los muertos, de esto último te pueden dar fe nuestros amigos Ignacio Aldea y Luis Basanta, pues al ser el pueblo de mi Madre , les he llevado en alguna ocasión allá por los años 70 .
Volviendo a tu viaje, justo después de abandonar Carrascosa, camino de Cifuentes, aparecen majestuosas las referidas Tetas De Viana,
Tu paso por aquellas tierras fue en Mayo del 2008, desde entonces también has hecho unos cuantos kilómetros, ojalá nunca te abandonen las ganas y la salud para continuar deleitándonos con tus vivencias y tus fotografías.
Un abrazo

Alberto de la Madrid dijo...



Admirable tu memoria, Pepe, de verdad, me asombra. Cuando la mía hace agua por todos los lados, cuando paso por Cifuentes y recuerdo muy someramente mi paso por alli, veo las señales del GR y camino y sé que debería recordarlo y me encuentro mi memoria vacía y además luego Manuel Coronado me cuenta la anécdota del canalón y de ese pueblo y ya me da casi vergüenza porque tampoco de Las Inviernas quedó nada en la memoria ni de su paisaje circundante. Todo un desastre. Menos mal que a falta de memoria me quedan las sensaciones, un mediodía en Cifuentes disfrutando de una enorme jarra de cerveza mientras me sentía observado con mi chaleco de cazador de elefantes.
Cuando llegue a casa me prometo recuperar aquel otro recorrido en la memoria. Si no fuera por lo que escribo cuando voy por ahí sería hombre perdido.

Alberto de la Madrid dijo...

Santiago, no sólo en los pueblos lejanos hay gente asi, mira una joya, un comentario que puso en Facebook una cuñada que tengo por ahi:

os pegais una vida padre que por supuesto os la mereceis y luego apoyais a guerrilleros como podemos no entiendo nada cierto soy vuestra cunada luisa