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Para un dios no nacido

Valdemanco - Garganta de los Montes - Mondalindo - Valdemanco


PARA UN DIOS NO NACIDO

Todo fue tan extraño.
Añoranza sin nombre
lloraba silenciosa dentro de mi alma,
lloraba por la vida como aquel
que llora en un navío de enormes velas amarillas
al caer de la tarde, cruzando aguas oscuras,
mientras pasa de largo ante la ciudad,
la ciudad de sus padres. Y ve las callejas,
oye el murmullo de las fuentes,
siente el aroma de las lilas.
Y se ve a sí mismo,
un niño parado en la orilla -con ojos
de niño, temerosos, a punto de llorar-
que ve, tras la ventana, luz en su habitación.
Pero sigue el navío hacia adelante,
llevándole en silencio por las aguas oscuras
con sus enormes velas, amarillas y extrañas.

Hugo von Hofmannsthal











Garganta de los Montes















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El hatillo al hombro

Valdemanco – Collado de Cancho Gordo – Convento de San Antonio - Bustarviejo

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DE CANTO A MÍ MISMO

Soy un vagabundo en un viaje perpetuo,

mis señas son un impermeable, buenos zapatos y un bastón cortado en el bosque;

ningún amigo mío se releja en mi silla,

no tengo cátedra, ni iglesia, ni filosofía;

no llevo a ningún hombre a la mesa, a la biblioteca o a la bolsa,

pero a cada uno de vosotros, hombre o mujer, lo llevo a una cumbre,

mi mano izquierda ciñe tu cintura,

mi derecha señala paisajes de continentes, y un camino claro y público.

Ni yo ni nadie puede andar por ti ese camino,

debes andarlo por ti mismo.

No está lejos... está a tu alcance,

tal vez has estado en él desde que naciste sin saberlo,

tal vez está por todas partes, en el mar y en la tierra.

Échate el hatillo al hombro, yo me echaré el mío y apresurémonos;

encontraremos maravillosas ciudades y naciones libres en el camino.

Walt Whitman














Primer día de nieve

Bustarviejo - Alameda del Valle
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La Hierba tiene tan poco que hacer,
-una esfera de sencillo verde-
con sólo mariposas que incubar
y abejas que entretener

y mecerse todo el día a los dulces Acordes
que las Brisas arrastran,
y mantener el Sol en su regazo
e inclinarse ante todo

Y enhebrar los Rocíos, toda la noche, como Perlas,
y engalanarse con finura.
Una Duquesa sería demasiado vulgar
ante tal galanura

E incluso cuando muere, se va
en Olores tan divinos,
Como Humildes especies, puestas a dormir,
o Nardos, agonizando.

Y luego, a morar en Graneros Soberanos,
y pasar los Días Soñando.
La Hierba tiene tan poco que hacer
que desearía ser Heno.

Emily Dickinson




No se lo he dicho a mi jardín todavía

Valdemanco - Mondalindo - Pto. Canencia - Bustarviejo
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No se lo he dicho a mi jardín todavía
no sea que me conquiste,
no tengo suficiente fuerza ahora
para decírselo a la Abeja.

No lo mencionaré en la calle
porque las tiendas me mirarían fijamente,
que alguien tan tímida, tan ignorante
tenga el descaro de morir.

Las laderas no deben saberlo,
por donde yo he vagado tanto.
Ni les diré a los dulces bosques
el día en que me vaya

Ni lo susurraré en la mesa,
ni siquiera por descuido
insinuaré que dentro del Enigma
alguien caminará hoy.

Emily Dickinson






Aquella mañana madrugué. A las cinco me levanté; tan pronto que pille a mi hijo Mario, el ermitaño, en su cabaña durmiendo. Era una bonita mañana de otoño; así estaba el chopo sobre el que él hace sus ejercicios de malabarismos matinales. La cabaña es un precioso rincón del mundo que se han construido él y su chica, Paula. Me despedí en seguida; tenía un largo camino por delante y no quería perder el autobús de regreso a ese otro maravilloso mundo que es nuestra casa y nuestra parcela.

Fue un día bonito, los colores del otoño todavía resistían en las ramas de los árboles.